Cáncer de ovario

Introducción

Definición de cáncer de ovario

El cáncer de ovario se forma en los tejidos de los ovarios, que son los órganos reproductivos femeninos donde se forman los óvulos y se producen las hormonas femeninas. Los cánceres de ovario se originan en las células de la superficie del ovario (el epitelio del ovario), en cuyo caso se denomina cáncer epitelial de ovario (también conocido como carcinoma del ovario), o en otros tejidos dentro del ovario (cáncer de ovario no epitelial). Ambos términos hacen referencia a un grupo muy diverso de distintos subtipos de cáncer de ovario.

El tipo más frecuente de cáncer de ovario es el epitelial, que representa aproximadamente un 90% de los tumores primarios de ovario. En el grupo de los cánceres no epiteliales menos comunes destacan dos subtipos: los tumores malignos de células germinales  y los tumores de los cordones sexuales.

Anatomía del aparato reproductor femenino que muestra los ovarios, las trompas de Falopio, el útero y la vagina. Los ovarios son los órganos donde se forman los óvulos y se producen las hormonas femeninas. A través de las trompas de Falopio, los óvulos llegan al útero, donde se desarrolla el feto durante el embarazo.

 

INFORMACIÓN PARA EL PACIENTE BASADA EN LAS DIRECTRICES CLÍNICAS DE LA ESMO
Debido a que los tratamientos se hacen cada vez más personalizados, gracias a los avances en el tratamiento del cáncer, le pedimos ponerse en contacto con info@anticancerfund [dot] org para una asistencia adecuada conforme a la guías para profesionales más recientes sobre este tipo de cáncer. Esta guía ha sido preparada para ayudar a los pacientes y a sus familiares a comprender mejor la naturaleza de este cáncer y reconocer las mejores opciones de tratamiento disponibles. Recomendamos a los pacientes que pregunten a sus médicos qué pruebas o tipos de tratamientos son necesarios para su tipo y estadio de la enfermedad. Esta guía está basada en la Guía de Práctica Clínica de la Sociedad Europea de Oncología Médica (ESMO) y se divulga con su permiso. Ha sido escrita por un médico y revisada por dos oncólogos de la ESMO, de quienes uno es el autor principal de la Guía de Práctica Clínica para Profesionales. También fue revisada por representantes de pacientes del Cancer Patient Working Group (Grupo de trabajo de pacientes con cáncer) de la ESMO.

 

 

Frecuencia

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¿Es frequente el cáncer de ovario?

El cáncer de ovario es el séptimo tipo de cáncer más frecuente  y la séptima causa de muerte relacionada con el cáncer entre las mujeres en todo el mundo.

La incidencia del cáncer de ovario a nivel mundial muestra una importante variación geográfica. Los países en desarrollo presentan el menor índice de incidencia. En la Unión Europea se estima que, en el año 2008, se diagnosticó cáncer de ovario a un total de 45.300 mujeres. La probabilidad general de una mujer de la Unión Europea de desarrollar cáncer de ovario en algún momento de su vida oscila entre un 0,64% y un 1,6%.

Aproximadamente, la mitad de las mujeres a las que se les diagnostica cáncer de ovario tienen 60 años o más de edad. No obstante, los dos subtipos principales de cáncer no epitelial menos comunes se producen en mujeres más jóvenes. Los tumores de las células germinales se diagnostican principalmente durante las dos primeras décadas de vida, mientras que los tumores de los cordones sexuales son más comunes entre mujeres adultas (los tumores de la granulosa de tipo adulto se diagnostican a una edad media de 50 años. El 90% del tipo juvenil se produce antes de la pubertad y los tumores de las células de  Sertoli-Leydig se detectan principalmente en mujeres de menos de 40 años).

 

Causas

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¿Qué cause al cáncer de ovario?

Hasta el momento, se desconocen las causas del cáncer de ovario. El término cáncer de ovario hace referencia a un grupo muy diverso de tumores malignos del ovario, y la causa de los distintos tipos de tumores puede variar. Sin embargo, se han identificado algunos factores de riesgo y algunos de estos factores son específicos de determinados subtipos de cáncer de ovario.

Sin embargo, en muchos casos no se detecta ningún factor de riesgo. Un factor de riesgo aumenta el riesgo de aparición de cáncer, pero no es necesario ni suficiente para que aparezca la enfermedad, es decir, no es una causa en sí mismo.

Algunas mujeres con uno o más de estos factores de riesgo nunca desarrollarán cáncer de ovario, mientras que otras mujeres sin ninguno de estos factores de riesgo sí lo padecerán.

Hasta un 90% de los casos de cáncer de ovario se consideran cáncer de ovario esporádico, es decir, que no están relacionados con mutaciones genéticas hereditarias.

El riesgo de desarrollar una forma esporádica de cáncer de ovario depende, principalmente, del total de ciclos de ovulación que hayan tenido lugar en los ovarios durante la edad reproductiva de una mujer. Un ciclo de ovulación es la estimulación mensual del ovario, que conlleva la producción de un óvulo (ovulación). El total de ciclos de ovulación que se produce en los ovarios de una mujer entre la menarquia y la menopausia (los años reproductivos) equivale al número de ciclos de ovulación durante la vida. Se cree que la estimulación repetitiva de los tejidos del ovario durante los ciclos de ovulación aumenta el riesgo de daño del ADN de las células, que puede causar el cáncer.

 

Según esta teoría, los factores de riesgo de este tipo de cáncer de ovario son:

-          La edad. Se cree que, con la edad, los cambios en el ADN de los tejidos de los ovarios se acumulan y, por lo tanto, aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de ovario. En general, la incidencia de cáncer de ovario aumenta con cada década. La edad media de las mujeres a las que se les diagnostica cáncer de ovario es de unos 60 años. La incidencia disminuye ligeramente después de los 80 años.

-          Los antecedentes familiares de cáncer de ovario o de mama son otro factor de riesgo importante para desarrollar cáncer de ovario. Esto se explica porque hasta un 10% de las pacientes con cáncer de ovario han heredado una mutación genética que puede ser la causa del cáncer en los ovarios.

Una mutación genética es una variación de la estructura normal del ADN de un gen. Algunas mutaciones producen un gen defectuoso que puede causar cáncer. Las mutaciones en las células destinadas a convertirse en óvulos o en esperma (la llamadas células germinales) se transmiten de padres a hijos. En el caso del cáncer de ovario epitelial, determinados subtipos se relacionan con mutaciones bien estudiadas, como las mutaciones BRCA1 y BRCA2.

En general, se cree que el riesgo de una mujer de padecer cáncer de ovario se multiplica por tres si tiene un pariente de primer grado (madre, hija o hermana) que haya desarrollado este tipo de cáncer. El riesgo es aún más alto si la persona tiene más de un pariente de primer grado con antecedentes de cáncer de ovario.

Las mujeres judías de origen asquenazí tienen un riesgo especialmente alto de heredar una mutación que les predisponga a desarrollar cáncer de ovario: de entre todas las pacientes con cáncer de ovario, hasta un 40% de las mujeres judías asquenazíes desarrollan la mutación BRCA1 o BRCA2, mientras que en otras mujeres con cáncer de ovario el porcentaje desciende a un 10%.

Estas mutaciones también están asociadas a un riesgo mayor de cáncer de mama.

En general, entre las mujeres con la mutación BRCA1, el riesgo estimado de desarrollar cáncer de ovario en algún momento de su vida oscila entre un 26% y un 54%, mientras que para las mujeres con la mutación BRCA2 este riesgo desciende a un 10%-23%.

-          Los antecedentes personales de cáncer de mama antes de los 50 o un antecedente familiar (más allá de los parientes de primer grado) de cáncer de ovario, de mama, de endometrio o de colon también están relacionados con un riesgo más alto de desarrollar cáncer de ovario.

-          Maternidad/El número de hijos que ha tenido una mujer. Las mujeres que no tienen hijos tienen un riesgo dos veces superior a desarrollar cáncer de ovario que las mujeres con hijos. El riesgo de padecer cáncer de ovario disminuye con cada parto, aunque deja de disminuir a partir del quinto. Durante el embarazo, la ovulación se detiene temporalmente. Se cree que la consiguiente reducción del número de ciclos de ovulación durante la vida reduce el riesgo de desarrollar cáncer de ovario. Además, también se cree que el embarazo puede ayudar a los ovarios a liberar células premalignas.

-          Raza. Las mujeres de raza blanca tienen entre un 30% y un 40% más de riesgo de desarrollar cáncer de ovario que las mujeres de raza negra o hispánica. Esta diferencia racial todavía no se ha podido explicar. Se cree que las diferencias en el número de hijos (véase más abajo) y la frecuencia de las intervenciones quirúrgicas ginecológicas (véase más abajo) entre las razas podrían influir.

También hay factores que se asocian con un menor riesgo de padecer cáncer de ovario, como por ejemplo:

-          Antecedentes reproductivos fuertes. Como se explica más arriba, el riesgo de desarrollar cáncer de ovario disminuye con cada parto, hasta un máximo de cinco. La reducción del total de ciclos de ovulación y la mayor liberación de células premalignas podría explicar este efecto protector.

-          La lactancia tiene un efecto protector contra el desarrollo de cáncer de ovario, seguramente relacionado con el hecho de que la lactancia detiene la ovulación y, por lo tanto, reduce el número de ciclos de ovulación durante la vida de una mujer.

-          La píldora anticoceptiva elimina la ovulación y, por lo tanto, también ejerce un efecto protector. El consumo a largo plazo de este tipo de anticonceptivo puede reducir el riesgo de cáncer de ovario hasta un 50%. Además, la protección se prolonga durante más de 30 años desde la última ingesta del anticonceptivo.

-          Cirugía ginecológica. Tanto la ligadura de trompas como la histerectomía están relacionadas con una reducción del riesgo de desarrollar cáncer de ovario. Todavía no se conoce el motivo, pero se cree que estos procedimientos quirúrgicos interrumpen el suministro de sangre a los ovarios y su función (ovulación), y reducen el total de ciclos de ovulación durante la vida y, con ello, el riesgo de desarrollar cáncer de ovario.

-          Ooforectomía. La extirpación de los ovarios reduce significativamente el riesgo de desarrollar cáncer de ovario.

Se sospecha que hay otros factores que están asociados con un mayor riesgo de cáncer de ovario, pero no hay suficiente evidencia de ello.

-          Se cree que determinados fármacos para la fertilidad pueden influir en el desarrollo del cáncer de ovario, aunque la evidencia no es concluyente.

-          Algunos estudios sugieren que la terapia de reemplazo hormonal con estrógenos entre las mujeres posmenopáusicas, cuando se administra durante periodos superiores a 10 años, puede estar relacionada con un aumento del riesgo de padecer cáncer de ovario. Sin embargo, esta conclusión todavía no ha sido confirmada. Se cree que el aumento del riesgo puede disminuir en cuanto se interrumpe el tratamiento.

-          También se cree que el uso de de talco en la zona genital puede influir en el riesgo a desarrollar cáncer de ovario. El talco puede llegar a los ovarios a través del tracto reproductivo e irritar el epitelio del ovario. Sin embargo, las evidencias sobre la relación entre el uso de polvos de talco y cáncer de ovario no son definitivas.

Diagnóstico

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¿Cómo se diagnostica el cáncer de ovario?

El cáncer de ovario puede diagnosticarse durante una exploración física de rutina si un examen médico se observa una masa en la pelvis, o puede sospecharse basándose en síntomas específicos.

Los principales síntomas de cáncer de ovario están relacionados con la presencia de una masa en el abdomen y pueden incluir:

·         Molestias, presión o dolor en la zona de la pelvis o la zona abdominal.

·         Sensación de saciedad o hinchazón abdominal.

·         Dificultades para comer: saciedad prematura (sentirse llena con rapidez), dispepsia (trastornos de estómago).

·         Cambios en los hábitos intestinales (por ejemplo, estreñimiento).

·         Cambios en el patrón de micción, por ejemplo, una mayor frecuencia.

·         Dolor durante las relaciones sexuales.

Cuando la enfermedad está avanzada, los síntomas anteriores pueden ser más intensos y también se pueden observar:

·         Náuseas y anorexia (pérdida del apetito).

·         Distensión abdominal debida al fluido que se acumula en la cavidad abdominal (ascitis).

·         Obstrucción intestinal debida a la presencia de una masa en el abdomen.

·         Falta de aliento debida al fluido acumulado alrededor de los pulmones (derrame pleural).

 

Estos síntomas, no obstante, no son específicos del cáncer de ovario y también se pueden observar en varias afecciones no malignas.

Los tumores malignos de ovario pueden producir substancias hormonales que causen síntomas o signos específicos. Este tipo de tumores reciben el nombre de tumores funcionales. Este caso suele ser especialmente común con los tumores de los cordones sexuales. Un exceso en la producción de estradiol y/o andrógenos puede causar precocidad sexual (inicio prematuro de la pubertad) en niñas prepúberes. El exceso de estradiol puede dar lugar a ciclos menstruales (menstruaciones) irregulares en pacientes premenopáusicas o sangrado uterino posmenopáusico en pacientes posmenopáusicas. La producción excesiva de testosterona, una hormona masculina, puede causar virilización. La producción excesiva de cortisol puede producir síndrome de Cushing, una afección que se caracteriza por el aumento de peso, el adelgazamiento de la piel y el crecimiento excesivo de vello.

Además de preguntar sobre los síntomas mencionados, el médico también realizará una exploración física general y pedirá análisis de sangre al laboratorio para evaluar el hemograma (cantidad de glóbulos en la sangre) y la función renal.

Las niñas prepúberes que desarrollan un tumor de ovario pueden padecer disgenesia gonadal, un trastorno innato del crecimiento de los ovarios debido a una variación en los cromosomas. Con estas pacientes, se debe realizar un análisis de sangre para determinar el número y el tamaño de los cromosomas, también llamado cariotipo.

Si una paciente posmenopáusica presenta síntomas que indiquen la presencia de un tumor en el ovario y sufre sangrado posmenopáusico, puede estar indicada una histeroscopia (examen del interior del útero utilizando una pequeña cámara) para documentar la hiperplasia endometrial. Esta afección hace referencia al crecimiento excesivo del revestimiento interno del útero (el endometrio), que puede ocasionar un sangrado uterino anormal.

 

El diagnóstico de cáncer de ovario se basa en las exploraciones que se indican a continuación:

o   Examen clínico

Exploración  clínica de la pelvis

Como parte de la revisión ginecológica general, el doctor realizará una exploración pélvica bimanual para evaluar la presencia de una masa, así como su tamaño y posible fijación a los tejidos colindantes. Durante esta exploración, el ginecólogo palpará los ovarios simultáneamente a través del abdomen y la vagina.

Exploración física general

En fases avanzadas de la enfermedad, los médicos buscarán signos que indiquen la presencia de ascitis, obstrucción intestinal, derrame pleural y aumento del tamaño de los ganglios linfáticos u otros órganos (por ejemplo, el hígado) causados por una metástasis.

·      Investigación radiológica

o   Ecografía transvaginal

El doctor realiza una ecografía para tomar imágenes de los órganos de la pelvis utilizando una sonda que se inserta en la vagina. Esta exploración suele tolerarse bien. El objetivo de la ecografía es detectar la presencia de un tumor en los ovarios y las trompas de Falopio (también llamado masa anexial). Este procedimiento también permite distinguir las lesiones benignas de las lesiones que requieren una evaluación ulterior (histopatología) para localizar tumores malignos en función del aspecto de la masa anexial. Las ecografías por vía vaginal permiten obtener una muy buena visualización de las estructuras anexiales.

Se puede considerar que una masa pélvica es sospechosa de ser maligna si muestra un componente sólido (y no solo líquido), márgenes irregulares y se observa la presencia de muchos vasos sanguíneos. En este caso, es necesario derivar a la paciente a un especialista en ecografías. La ecografía transvaginal también puede revelar la existencia de ascitis (acumulación de fluido en la cavidad abdominal) o metástasis peritoneales (metástasis en el peritoneo, tejido que tapiza la cavidad abdominal), que también son factores indicativos de la presencia de un tumor maligno.

Existen otras técnicas de obtención de imágenes que pueden proporcionar información adicional, pero no son rutinariamente necesarias en la evaluación preoperatoria. El objetivo de la obtención de imágenes para la detección del cáncer de ovario es distinguir una masa anexial benigna de cualquier otra masa que requiera una evaluación histopatológica posterior para determinar si se trata de un tumor maligno.

o   Imágenes por resonancia magnética (RM)

La exploración por RM de la pelvis puede proporcionar información adicional sobre la naturaleza de una masa en el ovario, especialmente si con la ecografía no se han podido obtener evidencias sobre el aspecto benigno o maligno del tumor. Además, esta técnica también resulta útil para la estadificación y la planificación del tratamiento.

o   Tomografía computarizada (TC)

La TC puede indicar la presencia de determinados tipos de cáncer de ovario. Resulta útil para la estadificación y la planificación del tratamiento.

o   Tomografía por emisión de positrones con tomografía computerizada (TEP-TC)

La TEP-TC es una técnica de obtención de imágenes que permite visualizar la anatomía de un tejido y la actividad metabólica de las células en ese tejido. No se recomienda para la detección primaria del cáncer. Puede resultar útil para la estadificación de tumores metabólicamente activos, es decir, tumores que producen sustancias que generan cambios en la composición química de los fluidos en el organismo de la paciente. El cáncer de ovario de células pequeñas es un ejemplo de un tumor que puede ser metabólicamente activo.

·      Marcadores tumorales

Algunos tipos de cáncer de ovario producen factores que se pueden medir con un análisis de sangre. Son los llamados marcadores tumorales, que pueden ayudar a determinar el diagnóstico de cáncer de ovario. Es importante recordar que, a no ser que los tumores del ovario produzcan sustancias que causen síntomas o signos de enfermedad específicos, no se suelen detectar. Por lo tanto, el antígeno cancerígeno 125 (CA125) es un marcador tumoral que se suele medir en la primera evaluación de una masa anexial sospechosa. Si se sospecha la presencia de un determinado tipo de cáncer de ovario no epitelial se utilizan otros marcadores tumorales. Algunos marcadores tumorales se pueden medir durante o después del tratamiento para realizar un seguimiento de la respuesta al tratamiento y/o la recidiva de un tumor (véase el capítulo Qué pasa después del tratamiento). La utilidad clínica de un marcador tumoral depende de muchos factores relativos al tumor y al paciente, y se debe estudiar con precisión en cada caso.

Es importante recordar que, a pesar de que los marcadores tumorales pueden ser de gran utilidad, el diagnóstico de cáncer de ovario se basa esencialmente en la toma de imágenes y la histopatología.

CA125 – El médico suele solicitar análisis para determinar el nivel en la sangre de la proteína CA125. La mayoría de células cancerígenas de ovario producen un nivel de CA125 más elevado que las células no malignas. La combinación de la ecografía con el nivel de CA125 es mejor para  diagnosticar el cáncer de ovario primario que la ecografía transvaginal por sí sola. Cabe destacar que, aunque un nivel elevado de CA125 puede confirmar el diagnóstico, por sí solo no es un método de diagnóstico. El nivel de CA125 también puede ser alto si la paciente sufre afecciones benignas como la menstruación, quistes benignos, miomas, enfermedad pélvica inflamatoria, adenomiosis, endometriosis y peritonitis.

Los cánceres de ovario no epiteliales son poco frecuentes y su diagnóstico puede ser complicado. La evaluación de los marcadores tumorales y los resultados clínicos pueden revelar la presencia de estos tumores.

Si se detectan síntomas de la presencia de una masa pélvica en mujeres jóvenes, la edad debería ser un factor determinante para sospechar la existencia de tumores de células germinales. Estas pacientes pueden presentar unos niveles elevados de las proteínas llamadas gonadotropina coriónica humana(hCG), alfa-fetoproteína(AFP) y lactato deshidrogenasa(LDH). De no ser así, estos marcadores se miden en la sangre una vez diagnosticado este tipo de tumor.

En los tumores de los ovarios que secretan andrógeno y cortisol que presentan signos de virilización o síndrome de Cushing, estas sustancias se pueden medir y pueden resultar útiles, especialmente durante la etapa de seguimiento.

El estradiol y la testosterona son hormonas reproductivas que se pueden medir y pueden resultar útiles para el seguimiento de los tumores de células de la granulosa (estradiol) y los tumores de células de Sertoli-Leydig (testosterona).

La inhibina es una hormona que secretan los tumores de células de la granulosa y se puede medir para utilizarlo como marcador de la enfermedad.

La enolasa específica neuronal (NSE) es una proteína cuyos niveles pueden ser elevados en pacientes con algunos tipos de tumores de ovario neuroendocrinos.

·      Examen histopatológico

Se trata de la investigación en el laboratorio de las células tumorales procedentes del tejido tumoral del tumor del ovario. La información histopatológica confirmará el diagnóstico de cáncer de ovario y revelará las características específicas del tumor, lo que permite al médico determinar el tipo histológico de cáncer de ovario según los criterios establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

También se realiza un examen histopatológico de tejidos de otros órganos, como la pelvis o el abdomen, a los cuales se haya extendido o se pueda extender el tumor del ovario. Este examen forma parte de un proceso denominado estadificación quirúrgica. Estadificación significa que el médico determina hasta qué punto el tumor del ovario ha invadido otros órganos. En el caso del cáncer de ovario, la estadificación implica una laparotomía, un procedimiento quirúrgico mediante el cual el médico realiza una incisión en la pared abdominal para inspeccionar la cavidad y los órganos abdominales y realizar resecciones o biopsias de los órganos (potencialmente) afectados.

El tipo histológico del tumor y la fase de la enfermedad proporcionan información muy importante sobre el cáncer. Los tipos histológicos se explican en el apartado “Qué es importante saber para definir el tratamiento óptimo” de este documento.

 

 

 

Tratamiento

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¿Qué es importante saber para obterner el tratamiento óptimo?

Los médicos necesitan recopilar diversos tipos de información para decidir cuál puede ser el mejor tratamiento. Esta información concierne a la paciente y al cáncer. Con algunas pacientes, esta información se puede utilizar para conocer el riesgo de recidiva del cáncer.

 

Información relevante sobre la paciente

·         Edad.

·         Historial reproductivo y estado menopáusico en mujeres adultas.

·         Estado pubescente en niñas preadolescentes.

·         Antecedentes familiares de cáncer de ovario, cáncer de mama u otro tipo de cáncer.

·         Antecedentes médicos personales, enfermedades y tratamientos anteriores.

·         Bienestar general y molestias físicas específicas.

·         Resultados del examen médico.

·         Resultados de las pruebas de laboratorio: hemograma, función renal y función hepática.

·         Resultados de otras pruebas específicas de laboratorio, como el valor inicial de los marcadores tumorales, que pueden ser importantes para realizar un seguimiento de la respuesta al tratamiento.

 

Información relevante sobre el cáncer

Información sobre el cáncer importante para dirigir el tratamiento, como el estadio del cáncer, el tipo histológico y el grado del tumor; para algunos tipos de tumores, el perfil de expresión génica de las células tumorales también puede resultar relevante.

Estadificación

Determinar el estadio del cáncer significa que los médicos evalúan la extensión del cáncer y el pronóstico de la paciente. Cuanto más bajo es el estadio, mejor es el pronóstico. El tamaño del tumor y la invasión de los tejidos cercanos, la implicación de los ganglios linfáticos y la presencia o ausencia de metástasis (o la extensión del cáncer a otros órganos del cuerpo)  se toman en cuenta para determinar el estadío de la enfermedad. Saber el estadio de la enfermedad es fundamental para tomar la decisión correcta sobre el tratamiento.

En los casos de cáncer de ovario, la estadificación se consigue llevando a cabo los siguientes exámenes: un examen clínico, investigaciones radiológicas, una exploración quirúrgica del abdomen (llamada estadificación quirúrgica) y el examen histopatológico del tejido del tumor primario y las biopsias de otros órganos que puedan estar afectados.

La laparotomía, que se realiza bajo anestesia general, es un elemento clave del proceso de estadificación del cáncer de ovario. Este procedimiento  conocido como estadificación quirúrgica  permite al cirujano determinar visualmente la presencia y la extensión del cáncer de ovario, además de obtener tejidos del tumor (y de otros órganos abdominales que puedan estar afectados) para realizar el examen histopatológico. Además de su utilidad para la estadificación, la laparotomía también es el primer paso (y, en algunos casos, el último) del tratamiento, ya que permite al cirujano extirpar el tumor primario y los órganos visiblemente afectados.

La estadificación quirúrgica se lleva a cabo siguiendo las guías de práctica clínica de la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia (FIGO por sus siglas en inglés). El cirujano efectúa una incisión en la pared abdominal y examina atentamente la cavidad abdominal y todos los órganos abdominales para detectar la posible presencia de un tumor primario y la extensión potencial del tumor a otros órganos. Junto con las conclusiones de los exámenes clínico y radiológico, este procedimiento permite al cirujano determinar el estadio de la enfermedad.

El cirujano procederá a extraer el tumor y los órganos seleccionados y obtendrá una muestra para la biopsia (extracción quirúrgica de pequeños trozos de tejido para realizar un examen histopatológico) de otros órganos a los que se pueda haber extendido el cáncer. El protocolo exacto de las intervenciones necesarias depende del estadio de la enfermedad, diagnosticado durante el procedimiento. Con estas intervenciones se puede evaluar la extensión de la enfermedad (realizando un examen histopatológico de los tejidos y biopsias) y se pueden extirpar los tejidos afectados. Las intervenciones durante la estadificación quirúrgica incluyen:

-          Una histerectomía abdominal total (resección del útero) y una salpingo-ooforectomía bilateral (resección de los ovarios y las trompas de Falopio), una linfoadenectomía completa o selectiva (resección de los ganglios linfáticos) de los ganglios linfáticos pélvicos y paraaórticos (ganglios linfáticos de la pelvis y a lo largo de la arteria principal, llamada aorta), una omentectomía parcial o completa (resección del epiplón, un pliegue del peritoneo que rodea el intestino) y una resección de cualquier otro órgano al cual se haya extendido el tumor.

-          Una muestra para la biopsia del peritoneo (tejido que recubre la cavidad abdominal) del diafragma, de la pelvis y de los espacios entre el abdomen y el intestino grueso (denominados surcos paracólicos).

-          Lavado de la cavidad abdominal con una solución de agua y sal para detectar la presencia de células malignas (también llamado lavado peritoneal).

-          Para algunos tipos de tumor, resección del apéndice (apendicectomía).

 

En determinados casos, el procedimiento de estadificación quirúrgica se puede realizar utilizando una laparoscopia en lugar de una laparotomía. Esta posibilidad se deberá evaluar en función de cada paciente.

La tabla que se incluye a continuación presenta los diferentes estadios de cáncer de ovario según las guías de práctica clínica de la Federación Internacional de Ginecología y Obstetricia (FIGO)[1]. Las definiciones son bastante técnicas, por lo que se recomienda que pida explicaciones más detalladas a su médico.

 

 

Estadio

Definición

Categoría

Estadio I

El tumor se limita a los ovarios

Fase temprana de la enfermedad

 

Estadio IA

El tumor se encuentra en el interior de un ovario: no se extiende a la parte externa del ovario y la cápsula que lo recubre el ovario está intacta. No hay ascitis que contenga células malignas.

Estadio IB

El tumor crece en ambos ovarios pero solo en el interior. No se extiende a la parte externa de los ovarios y las cápsulas que recubren los ovarios están intactas. No hay ascitis que contenga células malignas.

Estadio IC

El tumor crece en uno o ambos ovarios (estadio IA o estadio IB) y uno o más de los siguientes elementos están presentes:

-          El tumor crece en la parte externa de uno o ambos ovarios.

-          El tumor se extiende a la cápsula de uno o ambos ovarios, o la cápsula se ha roto durante la operación.

-          Hay ascitis con células malignas.

-          El fluido del lavado peritoneal muestra la presencia de células malignas.

Estadio II

El tumor afecta a uno o ambos ovarios y se ha extendido a los órganos pélvicos, más allá de los ovarios.

Estadio IIA

El tumor afecta a uno o ambos ovarios y se ha extendido al útero y/o a las trompas de Falopio.

Estadio IIB

El tumor afecta a uno o ambos ovarios y se ha extendido a los tejidos pélvicos fuera del útero y las trompas de Falopio.

Fase avanzada de la enfermedad

Estadio IIC

El tumor afecta a uno o ambos ovarios y se ha extendido al útero y a las trompas de Falopio (estadio IIA) o a otros órganos pélvicos (estadio IIB). Además, se cumple una de las siguientes situaciones:

-          El tumor crece en la parte externa de uno o ambos ovarios.

-          El tumor crece a través de la cápsula de uno o ambos ovarios.

-          Hay ascitis con células malignas.

-          El fluido del lavado peritoneal muestra la presencia de células malignas.

 

 

Estadio III

El tumor afecta a uno o ambos ovarios. A simple vista, el crecimiento del tumor se limita a la pelvis, pero el examen histopatológico muestra que se ha extendido más allá de la pelvis, hacia uno o más de las siguientes zonas:

-          El peritoneo, fuera de la pelvis.

-          Los ganglios linfáticos en la región de la pelvis.

-          Las capas superficiales del hígado.

-          El intestino delgado o el epiplón.

Fase avanzada de la enfermedad

Estadio IIIA

El tumor afecta a uno o ambos ovarios. A simple vista, el crecimiento del tumor se limita a la pelvis, pero el examen histopatológico muestra un crecimiento (a nivel microscópico) en el intestino delgado o en el mesenterio, o en las membranas peritoneales fuera de la pelvis (incluyendo el epiplón). El tumor no se extiende hacia los ganglios linfáticos.

Estadio IIIB

El tumor afecta a uno o ambos ovarios. El examen histopatológico de las biopsias de las membranas peritoneales fuera de la pelvis muestran una metástasis de menos de 2 cm de diámetro. El tumor no se extiende hacia los ganglios linfáticos.

Estadio IIIC

El tumor afecta a uno o ambos ovarios. El tumor ha hecho metástasis en las membranas peritoneales de más de 2 cm de diámetro y/o se ha extendido a los ganglios linfáticos de la pelvis.

Estadio IV

El tumor afecta a uno o ambos ovarios y:

-   Ha hecho metástasis en los tejidos profundos del hígado (metástasis parenquimatosa).

-   Ha hecho metástasis en órganos a cierta distancia de la pelvis.

-   Hay fluido alrededor de los pulmones (derrame pleural) que contiene células malignas.

-    

 

Resultados del examen del tejido tumoral

Un patólogo examina en laboratorio la muestra quirúrgica del tumor. Este examen recibe el nombre de histopatología y proporciona información sobre el tipo histológico y el grado del tumor, además de aportar información fundamental sobre el cáncer. Los resultados del examen del tejido tumoral incluyen, por lo tanto, el tipo histológico y el grado.

 

Algunos tumores producen proteínas características que se pueden detectar en el tejido tumoral utilizando un método de laboratorio especial denominado inmunohistoquímica. En algunas formas de cáncer de ovario, este examen adicional de la muestra quirúrgica del tumor puede ayudar a identificar el tipo histológico del tumor.

·        Tipo histológico

El tipo histológico de un tumor hace referencia al tipo de células que lo componen. El tipo histológico se define según los criterios establecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Aproximadamente un 90% de los tumores malignos del ovario proceden del epitelio del ovario o del epitelio del extremo exterior de las trompas de Falopio. Estos tumores se conocen como cáncer de ovario epitelial o carcinomas del ovario.

Aproximadamente un 10% de los cánceres de ovario derivan de otros tejidos de los ovarios. Estos tumores se denominan cáncer de ovario no epitelial.

Tanto el cáncer de ovario epitelial como el cáncer de ovario no epitelial constituyen un grupo heterogéneo de distintos tipos de tumor. En el siguiente apartado se incluye más información sobre cada uno de estos tipos.

Si un tumor maligno del ovario se encuentra en el peritoneo, se considera un tumor primario del ovario.

Carcinoma del ovario o cáncer epitelial de ovario

Entre los carcinomas de ovario, se conocen varios tipos histológicos; cada uno de ellos representa entidades distintas con diferentes procesos de desarrollo (carcinogénesis). Cada tipo histológico está clasificado en una de las tres categorías siguientes, estas categorías se relacionan con el pronóstico de los tumores:

-       Tumores benignos: están formados por células no malignas. Los tumores benignos pueden aumentar de tamaño, pero no se diseminan a otras partes del cuerpo.

-       Tumores malignos: están formados por células cancerosas. Los tumores malignos crecen de manera ilimitada y pueden invadir y destruir los tejidos colindantes. También se extienden a otras partes del cuerpo (metástasis).

-       Tumores borderline: están formados por células que no se consideran ni benignas, ni malignas, sino que muestran un bajo potencial maligno. Estas lesiones se conocen también con el nombre de tumores de malignidad intermedia, tumores de bajo potencial de malignidad y tumores proliferativos atípicos. Los tumores con bajo potencial de malignidad suelen ser carcinomas serosos, aunque, con menor frecuencia, también pueden ser carcinomas mucinosos y, en casos poco habituales, carcinomas endometroides.

A continuación se describen los seis principales tipos histológicos de cáncer de ovario epitelial. La definición de estos tumores y sus distintos subtipos es muy especializada y técnica. Por ello, se recomienda que pida más información a su médico.

-          Carcinomas serosos: representan aproximadamente un 80-85% de todos los carcinomas ováricos en los países occidentales. La mayoría de carcinomas serosos son de alta malignidad; los carcinomas serosos de baja malignidad son muy poco frecuentes. Hasta un 95% de las pacientes que se encuentran en el estadio III-IV de la enfermedad (según la FIGO) presentan carcinomas serosos, mientras que este tipo de carcinoma es muy poco frecuente en el estadio I. Los carcinomas serosos de alta malignidad y los carcinomas serosos de baja malignidad se consideran dos tipos de tumor distintos.

-          Carcinomas endometroides: representan aproximadamente un 10% de todos los carcinomas ováricos. La mayoría de carcinomas de este tipo se detectan en los estadios I y II de la enfermedad (según la FIGO).

-          Carcinomas de células claras: representan aproximadamente un 5% de todos los carcinomas de ovario. Solo son comunes entre las mujeres japonesas. La mayoría de carcinomas de este tipo se detectan en el estadio I o II de la enfermedad (según la FIGO), y son el tumor más frecuente en el estadio I de la enfermedad.

-          Carcinomas mucinosos: están formados por dos subgrupos. El tumor mucinoso de tipo intestinal es el más común. El tumor mucinoso (seromucinoso o mülleriano) tipo endocervical suele ser un tumor borderline y es similar a los tumores serosos borderline.

-          Los carcinomas de células transicionales son frecuentes, sobre todo como tumores de alta malignidad con características histológicas similares a las de los carcinomas serosos.

-          Carcinomas de células escamosas

Además de estos seis principales tipos histológicos, también son carcinomas ováricos:

-          Los carcinomas no diferenciados que se comportan de un modo similar a los carcinomas serosos de alta malignidad.

Cáncer de ovario no epitelial

Los cánceres de ovario no epitelial son un grupo heterogéneo de tumores malignos. Todos ellos comparten la característica de ser tumores poco comunes. Existen seis tipos histopatológicos principales, con varios subtipos distintos. A continuación se incluye una explicación completa de esta clasificación. La definición de estos tumores y, en particular, de sus distintos subtipos es muy especializada y técnica. Por ello, se recomienda que pida más información a su médico.

-          Tumores de células germinales: se originan en los óvulos del ovario. En general, los tumores de células germinales representan solo un 5% del total de tumores de ovario, pero suman más del 75% de todos los tumores malignos del ovario que se diagnostican en niñas preadolescentes. Existen distintos tipo de tumores de células germinales. Las diferencias entre estos subtipos es muy técnica. Por ello, se recomienda que pida más información a su médico.

Los llamados quistes dermoides(o teratoma quístico maduro) es un subtipo de los tumores de células germinales que constituye un 20% del total de tumores de ovario y suele ser benigno.

-         Los tumores de los cordones sexuales se originan en el estroma de los ovarios (el tejido blando que forma la estructura de soporte del ovario) o en los cordones sexuales (las estructuras que, durante el desarrollo de los órganos reproductivos, generan tipos de células específicos, como células Leydig, células Sertoli, células de la granulosa y células tecales).

Los tumores  de los cordones sexuales representan hasta un 5% de todos los tumores del ovario, y constituyen un 7% de todos los tumores malignos del ovario. Se suelen detectar sobretodo en mujeres adultas. Estos tumores acostumbran a producir sustancias hormonales y provocan síntomas clínicos como la virilización o la hiperplasia endometrial, que puede causar menstruaciones irregulares o sangrado posmenopáusico.

Existen distintos tipos de tumores de los cordones sexuales. Las diferencias entre estos subtipos son muy técnicas. Por ello, se recomienda que pida más información a su médico.

El tipo de tumor maligno más común en el grupo de los tumores de los cordones sexuales es el tumor de células de la granulosa. Estos tumores se pueden producir en mujeres adultas, pero suelen ser más frecuentes entre las jóvenes y, en concreto, en mujeres de menos de 20 años. En este grupo de edad, suelen presentarse con signos de precocidad sexual (inicio prematuro de la pubertad).

La inmunohistoquímica puede ayudar a diferenciar estos tumores de otros tipos de cáncer de ovario, puesto que, en estos casos, los tejidos suelen mostrar la expresión de las proteínas CD99 y melanA (en la forma adulta) y alfa-inhibina y calretinina (en las formas adulta y juvenil).

Los tumores de células Sertoli, células Leydig y células Sertoli-Leydig forman un subtipo de tumores estromales de los cordones sexuales que puede producir hormonas masculinas. El tumor de células Leydig (también llamado tumor de las células del hilio) siempre es benigno y suele presentar virilización debido a la secreción de andrógeno. El tumor de las células Sertoli-Leydig también se presenta en pacientes jóvenes y puede producir hormonas.

La inmunohistoquímica también puede ayudar a identificar estos tumores, puesto que suelen mostrar la expresión de proteínas específicas, como la α-inhibina, y la citoqueratina de bajo peso molecular.

-          Los carcinosarcomasrepresentan de un 2% a un 4% de todos los tumores de ovario. Normalmente, estos tumores están formados por células malignas que se originan en el epitelio o en el estroma de los ovarios.

-         Los tumores de células pequeñas y los tumores neuroendocrinos del ovario suelen estar formados por células más pequeñas que las células normales. Los tumores neuroendocrinos del ovario están formados por células que habitualmente están presentes en el sistema endocrino y el sistema nervioso.

Esta categoría de tumores, que también incluye diferentes subtipos, representa aproximadamente un 1% de todos los cánceres de ovario y cada subtipo posee una presentación clínica característica. Estos tumores son poco frecuentes, pero la mayoría de ellos son muy agresivos, en especial cuando se diagnostican después del estadio I de la FIGO. La distinción entre los distintos subtipos es muy técnica. Por ello, se recomienda que pida más información a su médico.

-          El carcinoma escamocelular originado en un teratoma/quiste dermoide es un tumor maligno que se desarrolla en un quiste dermoide: esta “transformación maligna” es poco común y ocurre solo en un 1% a 2% de los quistes dermoides. Este tipo de tumor se suele detectar en mujeres posmenopáusicas y normalmente se diagnostica en un estadio tardío, cuando el gran tamaño del tumor causa molestias o cuando la torsión del tumor es dolorosa. El diagnóstico también se suele producir cuando una paciente se somete a una operación quirúrgica para un presunto quiste dermoide.

-          El struma ovarii maligno es un tumor maligno que se origina en un teratoma y que está formado en más de un 50% por tejido que se suele encontrar normalmente en la glándula tiroides. Este tipo de tumor es muy poco frecuente y habitualmente se diagnostica de fortuita en mujeres de 50 a 60 años. Raramente hace metástasis. En algunos casos poco frecuentes, el tumor del ovario representa una metástasis de un tumor maligno primario de la tiroides y, por lo tanto, esta posibilidad se debe estudiar en las pacientes que presenten un struma ovarii maligno.

·        Grado

El grado de un tumor maligno refleja la presencia de características atípicas de las células y/o la arquitectura atípica del tumor. El grado proporciona información sobre la velocidad de crecimiento del tumor y hasta qué punto será invasivo.

En los casos de cáncer de ovario, se pueden utilizar múltiples sistemas de gradación, que pueden variar en función del tipo histológico del tumor. El grado se representa con un número (normalmente, del 1 al 3) o con un adjetivo (bajo o alto). Una regla general es que, cuanto más bajo sea el grado, mejor será el pronóstico.

 

 



[1] Debe destacarse que en el 2014 se propuso una nueva clasificación FIGO, con modificaciones pequeñas respecto a la presentada en este documento. Sin embargo, las decisiones respecto a los tratamientos todavía toman en cuenta esta clasificación. Esto cambiará poco a poco en el futuro pero no afectará las recomendaciones  de tratamiento descritas en esta guía.

 

¿Cuáles son las opciones del tratamiento?

La planificación del tratamiento implica un equipo multidisciplinar de profesionales médicos. Este encuentro de diferentes especialistas se denomina opinión multidisciplinaria, o revisión por el comité de tumores. En esta reunión se comentará la planificación del tratamiento de acuerdo con la información pertinente que se menciona más arriba.

 

El tratamiento suele combinar la cirugía y la quimioterapia sistémica, que actúa en las células cancerosas en cualquier lugar del cuerpo.

La duración del tratamiento dependerá del estadio del cáncer, de las características del tumor y de los riesgos para el paciente. Los tratamientos listados a continuación tienen sus beneficios, riesgos y contraindicaciones. Se recomienda a los pacientes que pregunten a sus médicos sobre los beneficios y riesgos previstos de cada tratamiento para obtener información sobre sus consecuencias. Para algunos tratamientos, hay varias posibilidades disponibles y debe la que se elija debe discutirse tomando en cuenta sus beneficios y riesgos correspondientes.

En general, el tratamiento del cáncer de ovario sigue el plan estándar. Sin embargo, este tipo de cáncer abarca un grupo muy diverso de tumores y, para determinados subtipos de cáncer de ovario no epitelial, el tratamiento recomendado puede variar.

El plan de tratamiento estándar se incluye a continuación y las variaciones para algunos cánceres de ovario no epiteliales se explican por separado. Cabe recordar que la mayoría de cánceres no epiteliales son muy poco frecuentes y las opciones de tratamiento que se describen en este documento se basan en la experiencia clínica actual en un número pequeño de casos.

Aparte del tratamiento estándar, se puede participar en un ensayo clínico en cualquier estadio de la enfermedad. En los ensayos clínicos, se proponen nuevos tratamientos o estrategias con la intención de obtener más información sobre los posibles beneficios y riesgos que implica su uso. Si un paciente desea participar en un ensayo clínico, se recomienda que hable con su médico acerca de los ensayos clínicos actuales.

Plan estándar de tratamiento para el cáncer de ovario

Plan de tratamiento para la fase temprana de la enfermedad (estadios I y IIA de la FIGO)

En estos estadios, el tumor se encuentra en los ovarios (estadio I) o en los ovarios, el útero y/o las trompas de Falopio (estadio IIA).

Como no se ha extendido más allá de la pelvis, el objetivo principal del tratamiento es extirpar quirúrgicamente el tumor y los órganos a los que se haya extendido el tumor, si este es el caso. A las pacientes con determinados perfiles de riesgo, no obstante, se les recomienda un tratamiento adicional (llamado quimioterapia adyuvante), ya que reduce el riesgo de que el tumor progrese y/o vuelva a aparecer.

Resección quirúrgica del tumor y los órganos afectados durante la estadificación quirúrgica

La resección quirúrgica del tumor y los órganos afectados por el tumor representa el primer paso (y, en algunos caso, el paso definitivo) del tratamiento del cáncer de ovario en fase temprana. La resección quirúrgica se realiza durante el procedimiento de estadificación quirúrgica, un elemento esencial para el diagnóstico del cáncer de ovario (véase el capítulo “Estadificación”). El cirujano lleva a cabo una laparotomía bajo anestesia general para determinar la presencia y la extensión del cáncer de ovario, es decir, para concretar el estadio del cáncer. Dependiendo del estadio en que se encuentre, el cirujano seguirá el protocolo estandarizado de resecciones y extracción de muestras para la biopsia. Esta operación no solo proporciona tejidos para el examen histopatológico, sino que también constituye el tratamiento local del tumor.

Si la estadificación quirúrgica muestra un cáncer de ovario en fase temprana, el cirujano realizará:

·         Una histerectomía abdominal total (resección del útero).

·         Una salpingo-ooforectomía bilateral (resección de los ovarios y de las trompas de Falopio de ambos lados).

·         Una omentectomía (resección de un pliegue del tejido amplio que rodea el intestino).

Asimismo, como parte del procedimiento de estadificación, se evaluará toda la cavidad abdominal, incluido:

·         Un análisis del retroperitoneo pélvico y paraaórtico (espacio detrás del tejido que recubre la cavidad abdominal en la región de la pelvis y la aorta).

·         Una muestra para una biopsia del peritoneo (tejido que rodea la cavidad abdominal).

·         Un lavado peritoneal (se utiliza una solución de agua con sal para lavar la cavidad abdominal y, a continuación, se la examina para determinar la presencia de células malignas).

En algunos pacientes, se puede llevar a cabo una cirugía para preservar la fertilidad, que implica conservar un ovario y una trompa de Falopio, además del útero. Este tipo de cirugía se puede tener en cuenta en paciente que deseen conservar su capacidad de concebir hijos, siempre que se realice una estadificación quirúrgica completa, los órganos estén sanos y la paciente reciba el asesoramiento adecuado. La cirugía para preservar la fertilidad se puede considerar el único tratamiento para determinados tipos de cáncer de ovario, como los tumores de células germinales.

Quimioterapia adyuvante

Para las pacientes con cáncer de ovario en estadio I el grado (grado de diferenciación de la célula tumoral)  es el indicador más importante del riesgo de recurrencia.

§  Bajo riesgo: estadio IA y IB, grado 1.

§  Riesgo medio: estadio IA y IB, grado 2.

§  Alto riesgo: estadio IA grado 3, estadio IC de grado 1, 2 o 3; estadio IB grado 2 o 3, e histología de células claras.

Otros factores clínicos que determinan el riesgo de recurrencia son:

§  La rotura del tumor antes o durante la cirugía.

§  La presencia de un tumor en ambos ovarios.

§  La edad en el momento en que aparece el tumor.

Cuando la estadificación quirúrgica y el examen histopatológico del tejido tumoral indique la presencia de la enfermedad en fase temprana y con un riesgo medio o alto, se recomienda a las pacientes someterse a seis ciclos de quimioterapia con carboplatino por vía intravenosa. La quimioterapia adyuvante puede reducir el riesgo de recurrencia y/o progresión.

Plan de tratamiento para la fase avanzada de la enfermedad (estadios IIB a IIIC de la FIGO)

En estos estadios, el tumor se ha extendido a los tejidos pélvicos fuera del útero y las trompas de Falopio; el tumor se ha extendido a los tejidos abdominales superiores y/o ha hecho metástasis a órganos distantes.

El tumor se ha extendido significativamente y resulta difícil o imposible extirparlo quirúrgicamente en toda su extensión. Por lo tanto, el objetivo del tratamiento inicial es extirpar el máximo de tejido tumoral mediante la cirugía y utilizar la quimioterapia para eliminar el resto de células tumorales. La quimioterapia se administra por vía intravenosa y, por lo tanto, actúa sistémicamente en las células tumorales. Con más frecuencia parte de la quimioterapia es administrada antes de la cirugía con el objetivo de reducir los tumores y permitir una extirpación lo más completa posible.

Cirugía citorreductora máxima

Cuando se sospecha la presencia de un cáncer de ovario, se lleva a cabo una laparotomía para realizar una estadificación quirúrgica completa (véase el capítulo “Estadificación”). Si este procedimiento muestra y/o confirma que la enfermedad se encuentra en fase avanzada, la primera intervención quirúrgica se destina a conseguir una citorreducción óptima, es decir, a intentar extirpar quirúrgicamente todo el tumor visible. Este procedimiento también se denomina cirugía de reducción de la masa, que significa que se extirpa la masa del tumor.

El alcance de la intervención quirúrgica en este procedimiento y las posibilidades de que el cirujano pueda conseguir una citorreducción óptima dependen del estadio en que se encuentre la paciente. La finalidad de este procedimiento es extraer la mayor parte posible de la masa tumoral primaria y el término citorreducción óptima hace referencia a la ausencia de enfermedad residual (que no queden restos del tumor).

Los elementos estándares del procedimiento son: histerectomía abdominal total, salpingo-ooforectomía, omentectomía, linfadenectomía y lavado peritoneal; el procedimiento también puede incluir resecciones (parciales) del peritoneo, el hígado, el bazo, el estómago, la vesícula biliar, el páncreas, el intestino y la vesícula urinaria.

Si la citorreducción óptima no fuera posible y, posteriormente, la paciente respondiera bien o mostrara estabilidad con la quimioterapia, se deberá considerar la posibilidad de realizar una cirugía citorreductora intermedia. Esto quiere decir que, después de tres ciclos de quimioterapia, la paciente se someterá a cirugía de reducción de la masa, seguida de tres ciclos más de quimioterapia. Esta estrategia es aceptada cada vez más por los médicos y ofrecida con más frecuencia a los pacientes, especialmente cuando el tumor se ha extendido ampliamente.

Quimioterapia

Después de la reducción quirúrgica primaria del tumor, el tratamiento estándar para las pacientes con cáncer de ovario avanzado es el tratamiento basado en platino, en concreto, una combinación de carboplatino y paclitaxel administrados por vía intravenosa en seis ciclos. Algunas pacientes cuya enfermedad se ha diseminado ampliamente podrían recibir tres ciclos de quimioterapia antes de la cirugía, con el propósito de reducir los tumores, después someterse a la cirugía para recibir posteriormente los tres ciclos de quimioterapia restantes.

Para pacientes que no toleran el paclitaxel o que son alérgicos a este, la combinación de docetaxel y carboplatino o de doxorubicina liposomal pegilada y carboplatino pueden ser consideradas como alternativas.

En Estados Unidos se sugirió que la quimioterapia intraperitoneal -la administración de la quimioterapia a través de un tubo flexible implantado quirúrgicamente que permite el flujo de líquidos a la cavidad abdominal- debería ofrecerse al paciente sin enfermedad residual o enfermedad muy limitada después de la cirugía.

Sin embargo, una combinación de quimioterapia intraperitoneal e intravenosa no puede ser considerada tratamiento estándar en Europa.

Terapia dirigida

El bevacizumab es un anticuerpo monoclonal que se une al factor de crecimiento endotelial vascular (VEGF por sus siglas en inglés), un factor de crecimiento para los nuevos vasos sanguíneos. Las células cancerosas de los ovarios producen grandes cantidades de VEGF, lo cual estimula la formación de nuevos vasos sanguíneos al interior y alrededor del tumor. Por lo tanto el bloqueo de VEGF con bevacizumab podría evitar que esto ocurra.

Incluir bevacizumab  a la quimioterapia puede recomendarse como tratamiento inicial para pacientes ya sea con cáncer en estadio III y enfermedad residual de más de 1 cm incluso después de la cirugía; o estadio IV. Debe administrarse junto con paclitaxel y carboplatino y durante un año.

Plan de tratamiento para la enfermedad metastásica (estadio IV de la FIGO)

Aproximadamente, al 15% de las pacientes con cáncer de ovario se les diagnostica la enfermedad en el estadio IV (enfermedad metastásica). Como se explica en el apartado sobre el tratamiento de la enfermedad avanzada, el resultado del tratamiento en este estadio depende de la enfermedad residual después de la cirugía de la masa tumoral primaria, que se complementa con un tratamiento de quimioterapia de seis ciclos de platino-paclitaxel. Para pacientes que no toleran o que son alérgicos al paclitaxel , la combinación de docetaxel y carboplatino, o de doxorubicina liposomal pegilada y carboplatino pueden ser consideradas alternativas. Un medicamento llamado bevacizumab podría administrarse junto a la quimioterapia como se explicó previamente en el tratamiento para la enfermedad avanzada.

Aspectos específicos del tratamiento de algunos tipos de cáncer de ovario no epiteliales

Tumores de células germinales

Unos dos tercios de los tumores de células germinales se diagnostican en el estadio I: para estas pacientes, se suele recomendar la cirugía para preservar la fertilidad y el procedimiento completo de estadificación quirúrgica no está indicado. La alta eficacia de los tratamientos que se pueden emplear más adelante, en caso de que el tumor de las células germinales reapareciera, es el principal motivo para aplicar esta perspectiva. No se recomienda recurrir al tratamiento adyuvante para los tumores en estadio I de bajo riesgo.

Si la enfermedad se encuentra en fase avanzada, se lleva a cabo una intervención quirúrgica de reducción de la masa, seguida de un tratamiento de quimioterapia con Bleomicina, Etopósido y cisPlatino (BEP), administrada en un periodo de tres semanas (llamado ciclo). La duración óptima no está definida de manera exacta, pero en pacientes en las que la cirugía haya permitido extirpar la enfermedad completamente, se suelen administrar tres ciclos de BEP. Si la enfermedad no se ha podido extirpar completamente, lo más adecuado es recurrir a cuatro o cinco ciclos de tratamiento BEP (a partir del cuarto ciclo, sin bleomicina para reducir el riesgo de toxicidad pulmonar). Los tumores de células germinales son sensibles a la quimioterapia y, por lo tanto, se puede llevar a cabo una intervención quirúrgica para preservar la fertilidad, incluso si la enfermedad está avanzada. Con pacientes mayores, posmenopáusicas, no obstante, se debe seguir el plan de tratamiento estándar.

En los casos de tumor del saco vitelino, un subtipo específico de tumor de las células germinales que crece con mayor agresividad, se recomienda administrar quimioterapia adyuvante, a excepción de las pacientes que se encuentren en el estadio IA, en cuyo caso el tratamiento se puede complementar con un seguimiento de los niveles de alfa-fetoproteína (AFP) en la sangre.

Tumores de los cordones sexuales

En pacientes jóvenes con un tumor de los cordones sexuales en las que la enfermedad parezca localizada se puede aplicar cirugía para preservar la fertilidad y no se recomienda la estadificación completa.

La mayor parte de estos tumores se diagnostican en el estadio I y el tratamiento adyuvante no es recomendable. Algunos especialistas sugieren un tratamiento adyuvante con quimioterapia basada en platino para las pacientes con cáncer de alta malignidad (grado 3) en estadio IC. El tratamiento más utilizado es la combinación de BEP (bleomicina, etopósido y cisplatino), aunque también se pueden emplear otras combinaciones de fármacos.

Para los tumores de células de la granulosa de alto riesgo, está indicado un tratamiento de quimioterapia adyuvante con bleomicina, etopósido y cisplatino o con carboplatino y paclitaxel.

Para los tumores de células de Sertoli-Leydig, la quimioterapia adyuvante se debe tener en cuenta para las pacientes que se encuentren en el estadio I y cuyo cáncer sea de alta malignidad (grado 3) o presente un aspecto heterogéneo según el patólogo.

El tratamiento de la enfermedad avanzada debe seguir las guías de práctica clínica para el tratamiento  del cáncer de ovario. La cirugía citorreductora, siempre que sea factible, sigue siendo el tratamiento más eficaz para los tumores de células de la granulosa recurrentes o metastásicos. La quimioterapia con platino se utiliza actualmente en pacientes con la enfermedad en fase avanzada.

Carcinosarcoma

Todos los carcinosarcomas son de alta malignidad, incluso cuando se diagnostican en el estadio I. Por ello, se recomienda administrar un tratamiento de quimioterapia adyuvante con carboplatino y paclitaxel. Si la paciente es mayor y presenta un estado de salud general deteriorado, se puede considerar la monoterapia con carboplatino.

Tumores de células pequeñas y tumores neuroendocrinos

Los principios quirúrgicos estándar son válidos para este tipo de tumores. No obstante, en pacientes jóvenes con un tumor aislado en el ovario, se puede considerar la opción de emplear cirugía para preservar la fertilidad, combinada con quimioterapia adyuvante. La quimioterapia suele consistir en platino y etopósido.

Struma ovarii maligno

Se recomienda un tratamiento quirúrgico que incluya histerectomía y salpingo-ooforectomía bilateral en mujeres posmenopáusicas y premenopáusicas que ya no deseen tener hijos. En el caso de mujeres jóvenes que deseen conservar la fertilidad, se puede considerar la posibilidad de realizar una intervención quirúrgica para preservar la fertilidad siempre que el tumor no se haya extendido fuera de la cápsula del ovario y que no exista un teratoma quístico maduro asociado. Para las pacientes en las que el tumor se haya extendido, la cirugía deberá ser más agresiva. El tratamiento adyuvante no está recomendado.

Después de la cirugía para el struma ovarii maligno, se recomienda realizar un examen con yodo radiactivo de todo el cuerpo. Se trata de imagenología que permite visualizar la presencia de tejido tiroideo en cualquier parte del cuerpo. El yodo radiactivo, que se administra por vía intravenosa, es absorbido por el tejido tiroideo funcional. Por lo tanto, este procedimiento se puede utilizar para detectar tejido tumoral residual después de una operación quirúrgica y durante el seguimiento. Antes del examen, la glándula tiroides se extirpa quirúrgicamente (tiroidectomía) para prevenir que la mayor parte o todo el yodo sea absorbido por dicha glándula y no por el tejido tumoral.

Carcinoma escamocelular originado en un teratoma/quiste dermoide

Si el tumor se encuentra solo en el ovario y no se ha extendido a través de la cápsula del ovario, el tratamiento es limitado y puede consistir solo en una cirugía llamada salpingo-ooforectomía quirúrgica. Si la enfermedad se encuentra en una fase más avanzada, se deberá llevar a cabo una estadificación quirúrgica estándar. No se recomienda realizar una segunda intervención quirúrgica si el tumor no se ha podido extirpar completamente con la primera intervención. Es preferible administrar quimioterapia adyuvante con platino o un tratamiento con una combinación de bleomicina, etopósido y platino o carboplatino y paclitaxel.



¿Cuáles son los posibles efectos secundarios de los tratamientos?

Cirugía

Riesgos en general y efectos secundarios

Algunos riesgos son comunes a todas las intervenciones quirúrgicas realizadas con anestesia general. Estas complicaciones son poco usuales e incluyen la trombosis venosa profunda, problemas cardíacos o de respiración, hemorragias, infección o reacciones a la anestesia. Estos se previenen por medio de una evaluación médica detenida antes de la operación quirúrgica y un seguimiento adecuado.

 

Los ovarios, las trompas de Falopio y el útero están ubicados en la pelvis, junto con los ganglios linfáticos, la vejiga, vasos sanguíneos importantes y parte del intestino. Durante la intervención quirúrgica, algunas de estas estructuras pueden resultar dañadas, dependiendo principalmente del grado de extensión del tumor. Una estadificación e imaginología preoperatorias exactas contribuirán a minimizar este riesgo.

Cuando se extirpan los ganglios linfáticos en la pelvis y a lo largo de la aorta, se puede dañar o bloquear el sistema linfático, lo cual resulta en linfedema, un trastorno en el que el líquido linfático se acumula en las piernas y hace que se hinchen. Esto puede ocurrir poco después de la intervención, pero también a largo plazo.

Pérdida de la función reproductora

El plan de tratamiento estándar del cáncer de ovario implica la extirpación quirúrgica de ambos ovarios, de las trompas de Falopio y del útero. Como resultado, después del tratamiento las pacientes con cáncer de ovario ya no pueden concebir ni tener hijos. En estos casos, se asesora y se deriva a las pacientes al personal de apoyo especializado.

Algunas pacientes pueden recurrir a una intervención quirúrgica de preservación de la fertilidad, que implica la conservación de un ovario, una trompa de Falopio y el útero. Este tipo de cirugía se puede tener en cuenta en paciente que deseen conservar su capacidad de concebir hijos, siempre que se realice una estadificación quirúrgica completa, los órganos estén sanos y la paciente reciba el asesoramiento adecuado.

La pérdida de la función ovárica después de la resección de los ovarios también implica la detención de la producción de hormonas femeninas. Si la paciente se encuentra en edad reproductiva, esto implicará la pérdida de la menstruación y la aparición de síntomas de la menopausia. Es importante evaluar detenidamente si es preferible o está contraindicado aplicar una terapia de reemplazo hormonal, puesto que dependerá del tipo de cáncer de ovario, el estado de salud de la paciente y las preferencias personales.

Pérdida de órganos abdominales

En pacientes con cáncer de ovario en un estadio avanzado, la cirugía citorreductora puede incluir la extirpación quirúrgica de algunos órganos abdominales afectados por el tumor.

La pérdida de una parte del intestino, una parte del hígado y de la vesícula biliar puede implicar problemas gastrointestinales. La derivación quirúrgica del intestino (ileostomía o colostomía) puede resultar necesaria para la recolección y/o evacuación de las heces.

La extracción del bazo implica una mayor susceptibilidad a padecer determinadas infecciones y, después de la operación, se recomienda aplicar un tratamiento de antibiótico preventivo y vacunas.

La pérdida de la función de la vejiga urinaria (almacenamiento y evacuación de la orina) es menos frecuente así como la necesidad de realizar una derivación quirúrgica.

Quimioterapia

Los efectos secundarios de la quimioterapia son muy habituales. Dependen de los fármacos administrados y de la dosis, y además el tipo y el grado de estos efectos puede variar en cada paciente. Con pacientes que hayan presentado otros problemas médicos anteriormente, deben tomarse algunas precauciones y/o adaptar el tratamiento. La combinación de diferentes fármacos suele conllevar más efectos secundarios que el uso de un único fármaco. Existen métodos para prevenir o limitar algunos efectos secundarios, que se deberán comentar con los médicos y las enfermeras antes de iniciar el tratamiento.

A continuación se enumeran los efectos secundarios generales conocidos de los fármacos de quimioterapia que se utilizan con mayor frecuencia para tratar el cáncer de ovario. La naturaleza, frecuencia y gravedad de los efectos secundarios varían en función del fármaco.

Los efectos secundarios más frecuentes son:

·         Alopecia o pérdida de cabello (excepto en el caso del carboplatino, con el cual suele ser poco frecuente).

·         Reducción de las cantidades de glóbulos sanguíneos, lo cual puede causar anemia, hemorragias, heridas e infecciones.

·         Cansancio.

·         Sensación de náuseas o vómitos.

 

Otros efectos secundarios que pueden ocurrir frecuentemente son:

·         Llagas o úlceras en la boca.

·         Pérdida o modificación del gusto (metálico).

·         Diarrea.

·         Entumecimiento u hormigueo en los dedos de las manos y los pies (neuropatía periférica).

·         Molestias y dolores en articulaciones y músculos.

·         Reacciones alérgicas suaves, con picores, rubor, fiebre o escalofríos.

·         Inflamación de la piel alrededor del lugar de la inyección.

·         Reacciones cutáneas como enrojecimiento, oscurecimiento o aumento del grosor de la piel.

 

Los efectos secundarios ocasionales incluyen:

·         Cambios en el funcionamiento hepático.

·         Inflamación de los pulmones, que produciría tos, disnea (falta de aliento) y dolor torácico (bleomicina).

·         Estreñimiento.

·         Visión borrosa.

·         Reacción alérgica grave.

·         Baja presión sanguínea (que podría causar mareos).

·         Reducción del ritmo cardíaco.

·         Dolor abdominal.

·         Dolor de cabeza.

En último lugar, en mujeres a las que se les haya practicado una intervención quirúrgica para la conservación de la fertilidad, algunos fármacos quimioterapéuticos pueden afectar al ovario restante y causar infertilidad. Asimismo, existen algunos fármacos quimioterapéuticos que pueden dañar al feto en el útero y/o pueden tener un efecto perjudicial para un bebé lactante, puesto que pueden pasar al niño a través de la leche materna.

 

Además de estos efectos secundarios generales, cada fármaco puede producir también efectos no deseados específicos. A continuación se enumeran los más habituales, aunque no todas las personas sufren los mismos efectos secundarios ni los padecen en la misma medida.

 

El paclitaxel puede causar neuropatía periférica, dependiendo de la dosis administrada, la duración de la infusión y el calendario de administración. Los síntomas que se pueden experimentar incluyen entumecimiento, parestesias y sensación de quemazón en manos y piernas, como si llevaran guantes y medias que queman. Los síntomas suelen ser simétricos y normalmente empiezan en los pies y las piernas. Los pacientes suelen indicar que los síntomas empiezan simultáneamente en los dedos de los pies y los dedos de las manos, pero también se han descrito síntomas asimétricos. Los síntomas en la cara son menos frecuentes. Se sabe que los síntomas leves mejoran o desaparecen algunos meses después de interrumpir el tratamiento, pero parece ser que los síntomas y déficits persisten durante más tiempo en las pacientes que desarrollan una neuropatía grave.

 

El carboplatino administrado con paclitaxel aumenta el riesgo de sufrir una neuropatía.

 

El cisplatino puede causar pérdidas auditivas y daños renales, por lo que antes de comenzar el tratamiento se examina la función renal en la sangre. Para prevenir los daños, es muy importante beber cantidades abundantes de agua durante el tratamiento.

 

Los efectos secundarios graves que pueden ocurrir cuando se administra topotecán incluyen reacciones alérgicas graves, piel o uñas azuladas o inusualmente pálidas, fiebre, escalofríos o dolor de garganta persistente, dolor o ardor al orinar, tos persistente o grave, dolor persistente o grave, enrojecimiento o hinchazón en el lugar de la inyección, dolor de estómago persistente o grave o retortijones, cansancio o debilidad persistente o grave, disnea (falta de aliento), hematomas o hemorragias inusuales o inexplicables, y coloración amarillenta de los ojos o la piel.

 

Los efectos secundarios más comunes de la bleomicina son escalofríos, confusión, franjas oscuras en las uñas, alopecia, escozor, pérdida del apetito, enrojecimiento, oscurecimiento o sensibilidad de la piel, aftas en la boca, cansancio y pérdida de peso. La dosis de bleomicina que se puede administrar es limitada debido a la posibilidad de desarrollar fibrosis pulmonar, que conlleva disnea (falta de aliento) y que se debería comunicar al médico. También se han observado casos de hipersensibilidad a la bleomicina, aunque no depende de la dosis y suele ocurrir al cabo de unas horas de su administración.

 

La administración de ifosfamida debería ir acompañada de un fármaco que proteja las vías urinarias. Se deberá consultar a un médico si aparece sangre en la orina o la orina es oscura, si se induce un coma o se produce confusión, o si se produce una menor cantidad de orina. Este fármaco también puede causar la coloración amarillenta de los ojos o la piel.

 

Bevacizumab

 

Los efectos secundarios más comunes son hipotensión, debilidad generalizada, dolor, dolor abdominal, náusea y vómitos, falta de apetito, estreñimiento, infección respiratoria alta, disminución de glóbulos blancos (lo cual puede aumentar el riesgo de infección, proteinuria, sangrado nasal, diarrea, caída del cabello, heridas en la boca y dolor de cabeza.

El bevacizumab se asocia a otras complicaciones más raras pero al mismo tiempo serias, estas son:

-          Perforación del estómago y los intestinos.

-          Formación de fístulas.

-          Complicaciones con la curación de heridas.

-          Sangrado severo.

-          Crisis hipertensiva (Presión sanguínea alta)

-          Síndrome nefrótico: Una condición caracterizada por niveles de proteína en la orina altos (proteinuria), bajos niveles de proteína en la sangre, inflamación; especialmente alrededor de los ojos, la piel y las manos; este síndrome está causado por el daño de los pequeños vasos sanguíneos en los riñones, que filtran toxinas y exceso de agua de la sangre y los envían a la vejiga como orina.

 

¿Qué pasa después del tratamiento?

No es inusual que los pacientes de cáncer experimenten síntomas relacionados con el tratamiento después de terminarlo.

·         Los pacientes pueden sufrir angustia, dificultades para dormir o depresión, y pueden necesitar apoyo psicológico.

·         Durante y después del tratamiento, la nutrición puede volverse problemática debido a la disminución del apetito, náuseas y malestar general

·         Las dificultad para concentrarse y la falta de memoria son efectos secundarios habituales de la quimioterapia intravenosa.

Seguimiento médico

Después de terminar el tratamiento, los médicos propondrán un seguimiento, con el objetivo de:

·         Detectar y prevenir los efectos adversos del tratamiento.

·         Detectar la posible recidiva y administrar el tratamiento adecuado.

·         Proporcionar información médica, apoyo psicológico y derivar al personal encargado de ofrecer apoyo especializado para volver a la vida diaria normal de la manera óptima.

A causa de la heterogeneidad de los distintos tipos de cáncer de ovario, no existe un único protocolo de seguimiento generalmente aceptado para las pacientes.

 

El protocolo de seguimiento para el cáncer de ovario epitelial incluye obtener un historial médico general y los síntomas relacionados con la enfermedad y realizar un examen físico, incluida una exploración pélvica bimanual cada tres meses durante dos años, cada cuatro meses durante el tercer año y cada seis meses durante el cuarto y el quinto año. La medición de CA125 es útil para el seguimiento después de la quimioterapia en pacientes que responden al tratamiento, puesto que se ha demostrado que puede servir para anticipar la posibilidad de recurrencia del cáncer de ovario. La progresión o la recurrencia de la enfermedad basada en los niveles séricos de CA125 se define en base al aumento progresivo de los niveles séricos de CA125. Los valores elevados se deben confirmar con dos mediciones separadas obtenidas con una semana de diferencia. Si el nivel de CA125 aumenta, se puede retrasar la quimioterapia hasta que se detecten signos o síntomas de la recurrencia del tumor. No obstante, es importante destacar que una recurrencia potencialmente operable se puede detectar con un aumento de los niveles de CA125 y, por lo tanto, el paciente debe estar al tanto de las alternativas más adecuadas.

Si existe evidencia clínica o los niveles de CA125 ponen de manifiesto la progresión de la enfermedad, se debe llevar a cabo una exploración por TC. LA TEP-TC se considera superior a la TC para detectar otros tumores, especialmente en el caso de los ganglios linfáticos, el peritoneo y el área subcapsular hepática.

Especificidades del seguimiento de pacientes con cáncer ovárico no epitelial

Normalmente, se realiza el mismo seguimiento que para los carcinomas ováricos epiteliales, aunque en algunos casos puede variar. Las visitas de seguimiento deben incluir la obtención de un historial médico general y los síntomas relacionados con la enfermedad y realizar un examen físico, incluida una exploración pélvica y de los marcadores tumorales cada tres meses durante los primeros dos años y, después, cada seis meses durante tercer, el cuarto y el quinto año. Además, se debe realizar una ecografía pélvica cada seis meses en las pacientes que se hayan sometido a una intervención quirúrgica para la preservación de la fertilidad. Según las indicaciones médicas, también se puede realizar una tomografía computarizada (TC) del abdomen y la pelvis. Aproximadamente un 75% de las recurrencias de tumores de las células germinales se producen durante el primer año después del tratamiento inicial. En cambio, la naturaleza indolente de los tumores de los cordones sexuales, con tendencia a una recurrencia tardía (con una media de cuatro a seis años), requiere un seguimiento a largo plazo. Varios informes describen recaídas 20 años o más (hasta 37 años) después del diagnóstico.

Muchos tumores de células de la granulosa son tumores de crecimiento lento y podrían reaparecer después de muchos años, con frecuencia, hasta 20 años después de su diagnóstico. Para el seguimiento, también se miden los niveles de estradiol, hormona luteinizante, hormona foliculoestimulante e inhibina, aunque son más fiables en pacientes posmenopáusicas y en pacientes a las cuales se les haya extirpado ambos ovarios.

En pacientes con tumores ováricos neuroendocrinos, después de la intervención quirúrgica se lleva a cabo una gammagrafía con octreótido (octreoscan) para detectar células tumorales que puedan persistir en algún otro lugar del cuerpo (véase también el apartado “¿Cómo se diagnostica el cáncer de ovario?”). Para ello, se administra un fármaco etiquetado como radiactivo llamado octreótido por vía intravenosa. Este fármaco se adhiere a las células tumorales neuroendocrinas del organismo de la paciente y, de este modo, permite comprobar la existencia y visualizar las células tumorales neuroendocrinas en cualquier lugar del cuerpo. El tratamiento estándar también incluye un análisis de las hormonas gastrointestinales.

En pacientes que hayan recibido un tratamiento para un tumor de células germinales, la medición de los niveles de hCG, AFP y LDH  puede ayudar a detectar una posible recidiva de la enfermedad. LA RM se utiliza con mayor frecuencia que la TC para evitar la exposición a la radiación en este grupo de pacientes normalmente jóvenes.

 

En pacientes con struma ovarii maligno, es necesario realizar un examen clínico y una terapia de reemplazo de hormonas tiroideas en dosis que supriman totalmente la hormona que estimula la tiroides (TSH). La medición en serie de los niveles de tiroglobulina ha sustituido la gammagrafía con yodo radiactivo en todo el cuerpo. El seguimiento debe realizarse durante toda la vida, principalmente para controlar el funcionamiento de la tiroides y la tiroglobulina.

 

El seguimiento recomendado para las pacientes que se hayan sometido a un tratamiento contra un carcinoma escamocelular originado en un quiste dermoide tiene una duración de cinco años, e incluye exámenes clínicos y obtención de imágenes.

Retorno a la vida normal

El retorno a la vida normal, sabiendo que el cáncer puede volver a aparecer, puede resultar difícil.

Las visitas de seguimiento con el médico ofrecen a la paciente una oportunidad para obtener información médica, apoyo psicológico y ayuda del personal de apoyo especializado. Puede ser valioso obtener consejo psicológico de un experto y algunas pacientes pueden encontrar apoyo en grupos de pacientes o en información creada especialmente para ellas. Puede obtenerse información sobre la nutrición adecuada de algún dietista. Los trabajadores sociales pueden resultar de ayuda para encontrar recursos que garanticen el éxito de la rehabilitación.

 

El paciente puede preocuparse por el posible riesgo de sus familiares. En la mayoría de casos, el riesgo es muy bajo para los familiares, puesto que el 90% de los cánceres de ovario no están relacionados con ninguna mutación genética heredada. Sin embargo, los pacientes que hayan sufrido un cáncer vinculado a una mutación hereditaria y que estén preocupados por esta posibilidad deben hablar de ello con su médico e informarse sobre las recomendaciones para sus familiares.

¿Qué pasa si el cáncer regresa?

Si el cáncer vuelve a producirse, se denomina recurrencia. La decisión sobre el tratamiento dependerá del tipo de cáncer de ovario, el tiempo y la naturaleza de la recurrencia, de la medida en que la paciente recibió y respondió a la quimioterapia anterior y del estado general de salud de la persona. Estos factores se deben analizar detenidamente con cada paciente.

Además, se debe prestar una atención especial a los efectos secundarios del tratamiento, que pueden tener más relevancia cuando el tratamiento se intensifica. En concreto, las pacientes que reciban un segundo tratamiento de quimioterapia con la combinación platino/paclitaxel dentro de un plazo de un año tras completar el primer tratamiento tienen un riesgo significativo de padecer efectos secundarios tóxicos en el sistema nervioso.

Como parte del plan de tratamiento personalizado, el médico deberá explicar siempre cuáles son las verdaderas opciones de tratamiento para cada paciente. Siempre que sea posible, las preferencias de la paciente se deben respetar.

Dependiendo de la situación personal, el tratamiento para el cáncer de ovario epitelial recurrente puede incluir las estrategias siguientes:

·         Resección quirúrgica del tumor recurrente.

Esta opción se puede tener en cuenta con pacientes que hayan respondido bien a un tratamiento de quimioterapia previo, especialmente si han desarrollado una recurrencia aislada mucho tiempo después de terminar el tratamiento y presentan un buen estado de salud general. La cirugía puede ser necesaria para aliviar síntomas, por ejemplo la obstrucción del intestino causada por el tumor.

·         Quimioterapia

La elección del tipo de quimioterapia depende del tiempo entre la última dosis de quimioterapia con un medicamento derivado del platino administrado la primera vez, el tiempo que el tratamiento fue eficaz (es decir sin recurrencia). Las cuatro categoría definidas de acuerdo a este intervalo de tiempo están descritas más adelante, jubto con las opciones de tratamiento para cada caso.

La enfermedad es considerada refractaria al platino cuando el tumor progresa aún con la administración de quimioterapia o en las cuatro semanas que siguen a la última dosis; y es considerada resistente al platino cuando la enfermedad reaparece en menos de seis meses después de la última dosis. El plan de tratamiento para estas pacientes debería concentrarse en los cuidados de soporte individualizados, los cuales tratan de mantener y mejorar la calidad de vida y control de síntomas. Los quimioterapeúticos que pueden ser usados son el paclitaxel, el topotecan, la doxorubicina liposomal pegilada y la gemcitabina. Como ningún tratamiento ha demostrado ser mejor que otro la elección del tratamiento debe basarse en las necesidades del paciente después de discutir las ventajas y efectos secundarios del tratamiento propuesto. No hay ningún beneficio al administrar varioas fármacos al mismo tiempo.

La enfermedad es considerada parcialmente sensible al platino cunado una recidiva aparece entre 6 y 12 meses después de la última dosis y sensible al platino cuando hay una recidiva de la enfermedad más de 12 meses después de la última dosis.

Estas pacientes tienen una alta probabilidad de responder nuevamente al tratamiento que incluye un derivado de platino. El régimen preferido es la combinación de carboplatino con paclitaxel, pero pueden proponerse otras combinaciones después de discutir los efectos secundarios posibles y las ventajas de los medicamentos. Particularmente la combinación del carboplatino y la doxorubicina liposomal pegilada mostró una frecuencia menor de efectos secundarios de larga duración. Los pacientes con enfermedad parcialmente sensible al platino podrían beneficiarse de ser tratados con una combinación de trabectedina y doxorubicina liposomal pegilada.

 

·         Terapia dirigida

Cuando hay recidiva de una enfermedad sensible al platino se puede proponer bevacizumab si el paciente no recibió este medicamento previamente. No se conocen claramente las ventajas del bevacizumab en pacientes con recidiva de enfermedad refractaria al platino.

El tratamiento de los cánceres no epiteliales recurrentes se debería evaluar en función de cada subtipo. Estas son algunas recomendaciones para situaciones específicas:

·         Para el cáncer de células pequeñas, el tratamiento tras la recurrencia se basa en la ifosfamida (vincristina, ifosfamida, carboplatino y etopósido, o VICE). Para pacientes con un estado general de salud deficiente, una opción es administrar un tratamiento de quimioterapia con ciclofosfamida, doxorubicina, vincristina y etopósido (CAVE).

·         Para pacientes con recurrencia de un tumor de células germinales que hayan recibido un tratamiento previo con platino y en las cuales la enfermedad haya reaparecido seis meses después del final de la quimioterapia, se debe considerar la posibilidad de aplicar un tratamiento con ifosfamida/platino (IP) con o sin paclitaxel. Otros quimioterapeúticos activos: vinblastina, ifosfamida y cisplatino (VeIP), o cisplatino, vinblastina y bleomicina (PVB). Las pacientes con una recurrencia en menos  de  seis meses tras el final de la quimioterapia con platino pueden recibir vincristina, actinomicina D y ciclofosfamida (VAC) o paclitaxel y gemcitabina. No se sabe si será beneficioso realizar otra intervención quirúrgica citorreductora. Aunque podría aportar beneficios para algunas pacientes, en especial las que padezcan de un teratoma inmaduro y un síndrome de teratoma creciente.

·         En pacientes con un carcinosarcoma del ovario, la ifosfamida ha mostrado actividad en la enfermedad recurrente.

·         En pacientes con tumores estromales y de los cordones sexuales, el carboplatino y el paclitaxel han demostrado actividad como quimioterapia de segunda línea. La utilidad de la quimioterapia en pacientes con tumores persistentes de células de Sertoli-Leydig  todavía no está clara, pero se han registrado mejoras en algunas pacientes. Dado que los tumores de células de la granulosa reproducen los receptores de la hormona esteroide, se ha considerado un tratamiento hormonal. De hecho, en algunas pacientes que han recibido un tratamiento con agonistas de la hormona liberadora de gonadotropina, el tamoxifeno, la progestina o los inhibidores de la aromatasa han mostrado resultados positivos.

·         En pacientes con un carcinoma escamocelular originado en un quiste dermoide/teratoma, la radiación pélvica se utiliza en los casos de recurrencia pélvica aislada.

 

Sinónimos

Cáncer de ovario

Cáncer ovárico

Tumor de ovario

Tumor ovárico

Cáncer del ovario

tumor en los ovarios

cancer de ovarios

Tumor del ovario
 

Therapies by type

La información sobre los tratamientos que se listan a continuación se basa en datos que hemos encontrado sobre el cáncer a partir estudios científicos. Se puede encontrar más información sobre estos tratamientos en la opción TERAPIAS. Los medicamentos registrados, la radioterapia y las intervenciones quirúrgicas que aquí se recogen están aprobados por las autoridades.

Intervenciones quirúrgicas

Procedimientos que emplean métodos instrumentales para estudiar o tratar un cáncer o para mejorar las funciones o el aspecto del cuerpo. Por lo general, una intervención quirúrgica requiere una incisión. Más

Medicamentos registrados

Medicamentos para tratar el cáncer con autorización de comercialización en Estados Unidos o en países de la Unión Europea. Más

Terapia celular

Administración a pacientes de células humanas manipuladas, propias o ajenas. Más

Productos naturales (excluyendo medicamentos registrados)

Sustancias que se encuentran en la naturaleza y que suelen tener un efecto farmacológico o biológico. Más

Dieta

Consumo controlado de una selección de alimentos y bebidas con el objetivo de influir en los efectos de la enfermedad.

Terapias basadas en energía

Uso de la energía electromagnética, incluyendo la electricidad, los campos magnéticos, las ondas de radio, las microondas y los rayos infrarrojo, así como la luz, para diagnosticar o tratar la enfermedad.

Ensayos clínicos

Un ensayo clínico es un estudio de investigación realizado con pacientes para evaluar si un nuevo tratamiento es seguro (seguridad) y si funciona (eficacia). Los ensayos clínicos se realizan para probar la eficacia de fármacos, pero también de tratamientos no farmacológicos como la radioterapia o la cirugía y combinaciones de diferentes tratamientos.
Los ensayos clínicos tienen lugar en todas las clases de hospitales y clínicas, pero en su mayor parte en hospitales universitarios. Son organizados por investigadores y médicos.

La Fundación Contra el Cáncer proporciona una herramienta para buscar ensayos clínicos de fase III por tipo de cáncer y por país. Para Bélgica, Países Bajos, Suiza, Luxemburgo, Francia y el Reino Unido, la Fundación Contra el Cáncer proporciona contactos para conseguir más información sobre ensayos clínicos de fase III actualmente en curso.
Discuta con su médico la posibilidad de participar a unos de estos ensayos clínicos.

Una lista de los ensayos clínicos en fase III para el cáncer de ovario (en inglés: ovarian, porque los ensayos clínicos pueden ser mostrados en inglés) está disponible aquí.